Qué medicamentos utilizar para prevenir el síndrome de la clase turista

Qué medicamentos utilizar para prevenir el síndrome de la clase turista
Hace días se habló de la tromboflebitis profunda  en las extremidades inferiores (EEII) y de cómo sospecharlas, diagnosticarlas y tratarlas; en este post hablaremos de algo relacionado con ello, el síndrome de la clase turista (SCT). Un término surgido tras observarse como personas que realizaban largos viajes, viajes transoceánicos, sufrían trombosis venosas profunda (TVP) y en algunos casos, su complicación más temible, la trombosis pulmonar (TP). Para prevenir esto, las compañías aéreas, habida cuenta el reducido espacio entre los asientos en los aviones, aconsejan diversas medidas con los que evitar la estasis sanguínea en las EEII. Sin embargo, el problema se plantea cuando se pide consejo sobre qué medicación puede prescribirse para evitar estos problemas, cuando se sabe que las TVP se incrementan progresivamente a medida que los vuelos sobrepasan las 6 horas de duración (18-26% de incremento de riesgo por cada dos horas de duración, según los estudios) y sobre todo si existen factores de riesgo cardiovascular (FRCV), sanguíneos (alteraciones de coagulación), u de otro tipo (embarazo, anticonceptivos orales, inmovilidad, cirugía reciente…) predisponentes.
Como regla general se recomienda: 1- evitar la deshidratación, 2.- evitar ropas que constriñan la circulación sanguínea, 3.- caminar por la cabina del avión a intervalos regulares (cada dos horas) y, 4.- flexionar y extender periódicamente los pies y las rodillas.
Sin embargo, es esto suficiente. ¿Qué evidencias existen en cuanto a la medicación? ¿Podemos utilizar la aspirina?. Extrapolando las conclusiones de prevención de TP en pacientes postquirúrgicos se recomienda este medicamento por algún organismo internacional como la Aerospace Medical Association, según leemos. Sin embargo, el estudio LONFLIT que comparó la aspirina frente a los HBPM en la prevención de TVP asociado a viajes aéreos en pacientes de alto riesgo, mostró que comparando las tres ramas, 1.- sin medicación, 2.- con aspirina 400 mg/d en tres dosis, iniciada 12 horas antes del viaje, y 3.- una dosis de HBPM (enoxaparina 0.1 ml por 10 kg) administrada 2-4 horas antes del vuelo, la TVP se manifestó en un 4.8% de los controles, 3.6% del grupo de la aspirina y en ningún caso de los de HBPM. Demostrándose que la aspirina no era muy distinta a no dar nada. Por todo ello, según lo publicado, si el viajero no está anticoagulado y tiene algún factor predisponente, debería utilizar unas medias de compresión fuerte por debajo de las rodillas con al menos 15-30 mm Hg de presión en los tobillos y administrarse una dosis de heparina de bajo peso molecular (HBPM) previa a la salida del vuelo. La aspirina, según lo publicado, no tendría suficientes evidencias que la avalaran en la profilaxis del SCT. Con todo, la utilización de las HBPM como profilaxis en los SCT no está aprobado por la US Food and Drug Administration (FDA), de modo que el administrarla no deja de ser una decisión personal del médico tras valorar los riesgos/beneficios de cada paciente.
Aerospace Medical Association Medical Guidelines Task Force. Medical guidelines for airline travel. 2nd ed. Aviat Space Environ Med. 2003;74(5 Suppl):A1-A19.

Philbrick JT, Shumate R, Siadaty MS, Becker DM. Air travel and venous thromboembolism: a systematic review. J Gen Intern Med. 2007;22:107-114.

Cesarone MR, Belcaro G, Nicolaides AN, et al. Venous thrombosis from air travel: the LONFLIT3 study — prevention with aspirin vs low-molecular-weight heparin (LMWH) in high-risk subjects: a randomized trial. Angiology. 2002; 53:1-6.

Chandra D, Parisini E, Mozaffarian D. Meta-analysis: travel and risk for venous thromboembolism. Ann Intern Med. 2009;151:180-190.

Board of Science and Education of the British Medical Association. The impact of flying on passenger health: a guide for healthcare professionals. May 2004. 

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Diagnóstico de TVP: Cuando la clínica no es suficiente

Es un poco triste ver como en la práctica clínica actual, se le ha ido restando importancia al método diagnóstico semiológico, para optar, cada vez más frecuentemente, a la utilización de pruebas diagnósticas más complejas, tecnificadas (y costosas) que el simple, pero muchas veces suficiente “ojo experto” del médico de cabecera, el cual realmente se basaba en la correcta interpretación del conjunto de signos y síntomas que caracterizan una enfermedad.

Sin embargo hay entidades cuyas manifestaciones clínicas pueden ser confusas y la posibilidad de un diagnóstico erróneo o tardado puede desembocar en consecuencias graves para la salud del paciente e incluso comprometer su vida, lo que hace imperioso apoyarnos en pruebas diagnósticas paraclínicas para confirmar (o descartar) nuestras sospechas. Este es el caso de la trombosis venosa profunda (TVP), una entidad no poco frecuente en las consultas, que debemos tener en cuenta.

La TVP hace parte junto con el embolismo pulmonar, de la entidad conocida como Tromboembolismo Venoso. Consiste como su nombre lo indica, en la formación de un trombo en el sistema venoso profundo generalmente de miembros inferiores lo que causa una serie de signos y síntomas dados por la estasis venosa y la interrupción del flujo. Su complicación más frecuente es el síndrome postrombótico y la más temida es el tromboembolismo pulmonar. Su tratamiento debe ser la anticoagulación precoz.

Teniendo en cuenta los riesgos que conlleva en si la terapia anticoagulante, asociado a que solo un 30% de los pacientes a quienes se les sospecha TVP, presentan realmente la enfermedad, en contraste a que sin tratamiento más de un 50% de las TVP evolucionará a tromboembolismo pulmonar con las consecuencias que esto supone, el llegar a un diagnóstico de certeza, es muy importante.

En esta presentación trataré de hacer un breve repaso de esta entidad así como de sus métodos diagnósticos y terapéutica.