Fístulas entero-cutaneas

Nuestra compañera, la Dra. Ana Outeiral ha querido hacer un pequeño repaso a raíz de un paciente que ha presentado una fistula enterocutanea en los días siguientes de un postoperatorio de cirugía biliar. Nos ha querido hacer una pequeña revisión dado que se trata de una entidad muy poco frecuente en nuestras consultas pero que tal vez podamos encontrar en postoperados sobretodo de cirugia digestiva. Nos ha llamado la atención la demanda del paciente quien referia justo antes de la aparición de la fistula la sensación de “sifòn” en el abdomen…

¿Qué actuaciones pueden prevenir el riesgo de caídas en las personas mayores?

Es conocido que el 30% de las personas mayores de 65 años que viven en la comunidad se caen al menos una vez al año, y que de estas caídas un porcentaje (20%) precisan atención médica, y otras sobrevienen en fracturas óseas (10%) con toda su carga de morbimortalidad que ello les acarrea. La Cochrane, consciente de la importancia de este problema, presentó una revisión al del tema en el 2009, y este mes ha publicado una nueva revisión aportando las últimas evidencias en prevención de las caídas en este tipo de población.

Sabemos en el riesgo de fractura en el paciente de más edad intervienen, como señala la Guía de Práctica Clínica sobre Osteoporosis y Prevención de Fracturas por Fragilidad, del Ministerio de Sanidad y Consumo (2010), con una evidencia B, unos factores de riesgo clínicos que se relacionan con la densidad mineral ósea (DMO). Dentro de estos, existen unos llamados Mayores (o de riesgo elevado), que significa que su riesgo relativo (RR) de fractura es el doble o más que la población general (RR ≥2). En estos se señalan:

• Fractura previa por fragilidad
• Antecedente familiar de fractura de cadera (padres o hermanos)
• Tener 65 años o más
• Indice de masa corporal (IMC) inferior a 20 Kg/m2 (IMC=peso/altura2)
• Tratamiento con glucocorticoides
• Fallo ovárico prematuro sin tratar
• Caídas en el último año
• Hiperparatiroidismo
• Trastorno de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia, etc.)
• Malnutrición crónica y malabsorción

Y, unos Menores (o de riesgo moderado), en donde el RR de fractura se encuentra entre 1-2 veces (1>RR<2) la población general:

• Consumir >3 unidades de alcohol/día (una unidad representa 8-10 gr de alcohol)
• Hábito tabáquico
• Diabetes tipo 1 (insulinodependiente)
• Artritis reumatoide
• Hipertiroidismo
• Sexo femenino
• Menopausia temprana (40-45 años)

Sin embargo, existen otros, con evidencia A, que tal vez no se tienen tan en cuenta, tal vez porque la intervención médica es más marginal, y que tiene que ver con los factores de riesgo de caída. En este aspecto existen factores que no afectan a la DMO, pero que tiene un riesgo de fractura elevado (RR≥2):

• Edad ≥ 80 años
• Antecedentes de caídas en el último año
• Deterioro cognitivo, funcional (fuerza y equilibrio) y/o sensorial (visual)
• Consumo de determinados fármacos (ej.: antidepresivos, benzodiacepinas, antipsicóticos, antihistamínicos H1)
• Obstáculos en el hogar
• Miedo a caer
• Incontinencia urinaria que obliga a levantarse durante la noche

En este aspecto Gillespie1 et al han publicado este mes una revisión en la Cochrane Library de las intervenciones que influyen en la prevención de caídas en las personas mayores que viven en la comunidad. La revisión se hizo a partir de recabar ensayos clínicos (ECA) captados a partir de la Cochrane Bone, Joint and Muscle Trauma Group Specialised Register (febrero del 2012), CENTRAL (The Cochrane Library 2012:3), MEDLINE (1946 -2012), EMBASE (1947 -2012), CINAHL (1982 -2012).
Según este se encontraron 159 ECA con 79 193 individuos, en los que se comparaban la intervención en la prevención de caídas con la no intervención. Dentro de estos la mayoría de la intervenciones, o eran el ejercicio físico (59), o de programas multifactoriales (40).
Los ECA de ejercicios en múltiples intervenciones reducen las tasas de caídas RR 0.71, (IC 95% 0.63- 0.82; 16 ECA; 3622 individuos) y el riesgo de caída RR 0.85, (IC 95% 0.76 -0.96; 22 ECA 5333).

El Tai Chi por su parte reduce la tasa de caídas, RR 0.72, (IC 95% 0.52 -1.00; 5 ECA; 1563 individuos).
La vitamina D no reduce la tasa de caídas ni el riesgo de caídas, RR 1 y 0.96, respectivamente.
Las modificaciones de la vivienda son efectivas en reducir las tasas de caídas RR 0.81 (IC 95% CI 0.68 -0.97; 6 ECA, 4208) y el riesgo de caída RR 0.88, (IC 95% 0.80 -0.96; 7 ECA; 4051).
El tratamiento de los déficit visuales. Así, en 616 individuos en tratamiento visual se incrementó  la tasa de caídas RR 1.57 (IC 95% 1.19 -2.06) y el riesgo de caídas RR 1.54 (IC 95% 1.24 -1.91). La cirugía de una primera catarata en las mujeres reduce la tasa de caídas RR 0.66 (IC 95% 0.45 -0.95; un ECA; 306), pero no cuando se practica en la segunda. De la misma forma que las lentes multifocales no influyen en la prevención de esta situación.
Los marcapasos también tienen una influencia sustancial en este tema, pues reducen las caídas (personas con hipersensibilidad del seno carotideo) RR 0.73 (IC 95% 0.57 -0.93;3 ECA; 349), aunque no el riesgo de caída.
Un tema importante, es la retirada de medicación psicotrópica que reduce la tasa de caídas RR 0.34, (IC 95% 0.16 -0.73; un ECA; 93), aunque no el riesgo de estas. En este sentido la modificación del programa de prescripción en nuestro nivel reduce también el riesgo de caídas RR 0.61, (IC 95% 0.41-0.91; un ECA; 659). Si bien es cierto, siendo este un tema importante, por lo que se ve, la evidencia es muy corta.
Los zapatos con suelas antideslizantes reducen las tasas de caídas en lugar resbaladizos RR 0.42, (IC 95% 0.22 -0.78; un ECA; 109), de la misma forma que los tratamientos en podología en pies con inestabilidad o dolor (305 individuos), reducirían esta situación RR 0.64, (IC 95% 0.45 -0.91), aunque no el riesgo de caída.
No hay por el contrario evidencias en cuanto a las intervenciones sobre el comportamiento del individuo en las tasas o en el riesgo de caídas (RR 1.00, 1.11, respectivamente).
Concluyen que en mayores de 65 años, no dementes, la modificación de las condiciones del hogar, los ejercicios físicos, los programas multifactoriales, el Tai Chi, las intervenciones sobre el deterioro visual, los marcapasos en pacientes seleccionados, el cuidado de los pies, el control en el consumo de psicotrópicos disminuirían el riesgo de caídas. Sin embargo, la vitamina D sola no parece reducir este riesgo. Con todo, en mi opinión hay que decir que en muchas de esta intervenciones la evidencia e más bien escasa.

Gillespie LD, Robertson MC, Gillespie WJ, Sherrington C, Gates S, Clemson LM, Lamb SE. Interventions for preventing falls in older people living in the community. Cochrane Database Syst Rev. 2012 Sep 12;9:CD007146.

Tos ferina

El post de hoy va dirigido a repasar un cuadro clínico al que personalmente no estaba nada habituado a ver en consulta. De hecho no recuerdo haber tratado ningún caso en los últimos por lo menos 10 o 15 años en mi consulta de medicina de familia. Se trata de la TOS FERINA. Desconozco la prevalencia exacta de esta entidad en España en la actualidad puesto que desde la aplicación sistemática de la vacunación en nuestro país con vacuna DTP, la alta cobertura vacunal alcanzada se ha asociado con una reducción muy importante de su incidencia. No obstante esta alta cobertura no impide el despunte ocasional de brotes en grupos no vacunados correctamente. En cualquier caso es una entidad nada habitual en las consultas de pacientes no pediatricos o de mas de 14 años.

La Tos ferina se conoce también como tos convulsiva, tosferina o coqueluche y es una enfermedad altamente contagiosa de las vías respiratorias altas que afecta principalmente a niños de corta edad, causada por bacilos de la especie Bordetella pertussis. Se caracteriza por episodios paroxísticos de tos violenta, espasmódica con sensación de asfixia, que terminan con una inspiración ruidosa característica. Una enfermedad similar pero más leve es causada por la B. parapertussis y otros organismos al que en conjunto se denomina síndrome coqueluchoide

El caso es que hace unos días un paciente mio (lo llamaremos Luís), de 74 años de edad acudió a la consulta  refiriendo un cuadro de catarro previo y posteriormente accesos de tos intensa y persistente desde hacía 3 o 4 dias, definía esta tos como nunca la había padecido antes y que le llegaba a asfixiar durante los accesos.

Doctor –me dijo Luís- se acuerda que le comenté que había sido abuelo hace 2 meses? Pues resulta que a mi nieto lo tuvieron que ingresar en el hospital hace un mes porque tenia mucha tos y nos dijeron que había tenido Tosferina… no tendré yo lo mismo?

He de reconocer que la pregunta me desconcertó en un primer instante pues intente recordar cuando vi por última vez una tosferina? Según parece Luís tuvo contacto estrecho con su nieto puesto que pasaron el verano juntos en la casita de veraneo. Este efectivamente se infectó al mes de edad (antes de ser vacunado)

Pudo contagiarse José de su nieto a pesar de estar vacunado  …en su infancia?
Deberia haber hecho profilaxis al diagnóstico certero de su nieto?

La exploración física pertinente solo me reveló un cuadro muy parecido a una bronquitis aguda intensa.

Enseguida y como siempre suelo hacer inicie una búsqueda rápida apoyándome en el recurso Best Practice (al que adoro) para hacer un repaso rápido y actualizado de la enfermedad en cuestión, sus criterios diagnósticos así como su tratamiento recomendado a día de hoy. Es así como llego a dar con las ultimas guías clínicas publicadas sobre manejo de la infección por B. Pertussis, concretamente la HPA Guidelines for the Public Health Management of Pertussis (2011) del Health Protection Agency del Reino Unido  y a la Recommended Antimicrobial Agents for Treatment and Postexposure Prophylaxis of Pertussis (2005) de la CDC de EEUU.

Para resumir un poco estas guías os comento:

Existen unos datos claves para el diagnostico de Tosferina:

Diagnóstico clínico:
Sospecha por el clínico de Tosferina o Tos de duración mayor de 2 semanas, mas uno de los siguientes:
Paroxismos de tos, estridor inspiratorio, vómito postusígeno, cianosis o apnea en ausencia de otras causas aparentes
Diagnóstico microbiológico posibilidades: (en muestra de origen nasofaríngeo)
-Aislamiento de Bordetella pertussis
Reacción en cadena de la polimerasa positiva (PCR)
Caso probable
Caso que cumple los criterios de diagnóstico clínico, pero no se ha podido demostrar microbiológicamente ni se ha podido filiar epidemiológicamente a un caso definitivo
Caso confirmado  Posibilidades:
-Cualquier cuadro respiratorio con cultivo positivo para Bordetella pertussis
-Cualquier cuadro que cumple los criterios de diagnóstico clínico, con PCR positiva para Bordetella pertussis o asociación epidemiológica a un caso con diagnóstico microbiológico.

Ante la sospecha clinica debe iniciarse tratamiento antibiótico, valorarando inicialmente si el paciente presenta factores de riesgo (menor de 6 meses de edad, inmunodeprimidos, fibrosis quistica, enfermedad pulmonar cronica, cardiopatia cianógena), de ser así es necesario derivarlo al hospital para su valoración. En caso contrario puede iniciarse tratamiento ambulatorio (Ver Tabla de tratamiento)

Tabla de Tratamiento y Profilaxis para contactos (Adaptada de 2005 CDC Guidelines)
Edad
Azitromicina
Eritromicina
Claritromicina
Cotrimoxazol
<1 mes
10mg/kg/24h
5 dias
Alternativa a azitromicina, 50mg/kg/dia, en 4 dosis, 14 dias
No recomendado
No recomendado
1-5 meses
10mg/kg/24h
5 dias
50mg/kg/dia, en 4 dosis, 14 dias
15 mg/kg/dia, en 2 dosis, 7 dias
Mayores de 2 meses, 8/40 mg/kg/dia, en 2 dosis, 14 dias
>6 meses y niños
10mg/kg/dia el primer dia, luego 5mg/kg/dia, los días 2 a 5
50mg/kg/dia (máx. 2g/dia), en 4 dosis, 14 dias
15 mg/kg/dia (máx 1 gr/dia), en 2 dosis, 7 dias
8/40 mg/kg/dia, en 2 dosis, 14 dias
Adultos
500mg, dosis única el dia 1; luego 250mg/dia, días 2 a 5
500mg/6 h, 14 dias
500mg/12h, 7 dias
160/800 mg/12 h, 14 dias

Existe la posibilidad de confirmación microbiológica con PCR preferentemente de aspirado nasofaringeo pero puede realizarse tambien en las consultas de AP mediante frotis nasofaringeo procurando tomar la muestra, lo mas profunda posible, de las secreciones nasofaríngeas y sembrarlas de inmediato (Ver Técnica correcta en este vídeo editado por el CDC)

El médico del primer nivel, el más vulnerable al “síndrome del burnout”

El síndrome del médico quemado (burnout, en inglés) es un tema que preocupa. Y digo que preocupa, no por que quien escribe este post sea médico, y le preocupe lo que le pueda ocurrirle a él o a sus compañeros, si no porque hace escasos días fue noticia destacada en uno de los más importantes periódicos del mundo, el New York Times (NYT).


Hace años escribí sobre ello, y lo publiqué en prensa local, y hubieron médicos que se identificaron con lo expresado y así me lo comunicaron.
Pues un “profesional quemado”, es un trabajador que fruto de las condiciones laborales, sufre un desgaste emocional tal que le lleva a claudicar emocionalmente. Se da por tanto, el síndrome de burnout, en aquellas profesiones que por un exceso de presión emocional  pudieran llegar a agotarse emocionalmente, a generar desapego con el trabajo,   a la despersonalización, al comportamiento automático, a ser insensible delante de la persona que tienes delante, a atender a los pacientes sin empatizar…. Se da, por tanto, en profesiones en contacto directo con las personas, de ahí que sea más frecuente en personal sanitario, docentes …
No obstante, el síndrome de burnout no es sinónimo de estrés. El estrés laboral puede llevar a “quemarse”, pero para sufrir el síndrome de burnout, no solo se precisan determinadas condiciones externas, si no otras, más específicas de la propia personalidad de quien lo sufre. Y justamente, y “paradógicamente”, las cualidades/”defectos” más proclives para el burnout, son aquellas que más se esperan que han de tener aquellos que han servir a los demás (perfeccionismo, altruismo, vocación, reactividad, responsabilidad…). Unas características de la personalidad que junto con la decepción y de la impotencia delante un entorno agobiante o agresivo (presión asistencial, falta de tiempo, objetivos empresariales…) que no pueden controlar, son muchas veces favorecedoras del síndrome del burnout.

El estudio que comenta el NYT es un estudio epidemiológico nacional publicado en Archives of Internal Medicine en base a encuesta validada y autocumplimentada, utilizando la American Medical Association Physician Masterfile que intenta estudiar la satisfacción laboral y evaluar las tasas de burnout entre los médicos de EEUU, explorando las diferencias según la especialidades y su comparación con otras profesiones. De 27276 médicos que recibieron la encuesta solo 7288 (26.7%) la contestaron y de estos según el Maslach Burnout Inventory el 45.8% de los médicos presentarían al menos un síntoma de burnout. Según especialidades aquellas que se encuentran en primera línea de la demanda asintencial, o en el primer nivel (médicos de familia, de urgencias, medicina interna) serían los que tendrían mayor riesgo de sufrir este trastorno.
Si se compara la encuestas de los médicos con los 3442 encuestas enviadas a otros profesionales no sanitarios, los médicos tienen mayor prevalencia de burnout (37.9 frente a 27.8%, P < 0.001), y mayor prevalencia de encontrarse insatisfechos con su vida laboral (40.2% frente 23.2%, P < 0.001). Así mismo, el mayor nivel de educación se relacionaba con mayor puntuación de burnout, ajustado por edad, sexo, estatus familiar, horas trabajadas… Concluyen que el síndrome del quemado es más frecuente entre los médicos (la mitad de ellos tendrían algún síntoma) que entre otras profesiones de EEUU y que los médicos de primer nivel serían los que tendrían más riesgo de afectarse por este trastorno.
Se apunta en el artículo como lo que primariamente tenía que haber sido una ayuda para el médico en la gestión de su consulta y con ello un remedio para el burnout, la informatización de la actividad clínica, se ha convertido en causa de control por parte de la empresa (en este caso aseguradoras), de stress y del síndrome de burnout.

Shanafelt TD, Boone S, Tan L, Dyrbye LN, Sotile W, Satele D, West CP, Sloan J, Oreskovich MR.Burnout and Satisfaction With Work-Life Balance Among US Physicians Relative to the General US Population. Arch Intern Med. 2012 Aug 20:1-9. doi: 10.1001/archinternmed.2012.3199. [Epub ahead of print]